martes, 3 de febrero de 2015

ROGER BELLÉS, LA CUCHUFLETA

ROGER BELLÉS, director de arte.


 Roger en el rodaje (foto: Oscar Fernández Orengo)





Convertir un edificio abandonado en una prisión psiquiátrica.
Un asilo en un hospital. Hacer que una barquita se transforme en un palacio. Una oficina en un burdel.
Crear palacios y decorados de lujo, a lo James Ivory, pero también lugares cochambrosos, cutres, nuestros.
Trabajar para que ningún espectador se dé cuenta de lo que has hecho, y piense que los decorados ya existían antes de que empezara el rodaje, y que están viendo una película hecha en espacios naturales, encontrados tal cual. Eso también es trabajo de los buenos directores de arte. Convertir las cuatro paredes desnudas de un plató sin enchufes en el zulo patibulario del Jefe Sergi López, y que ningún espectador vea el trabajo, el camuflaje y el diseño, concepción, pintura y despintura, carga y descarga. 
Fue Roger quien trajo la "cuchufleta" a Murieron. Me preguntó: ¿lo hacemos realista o de cuchufleta? La respuesta casi siempre fue "de cuchufleta". Es decir, los cómics de Bruguera, El Jueves, "Dibujos animados" de Félix Romeo, autor de uno de los libros favoritos de Roger, "Discothèque".

Cine de cuchufleta y ensayo

A Roger Bellés le llamamos Jove, porque le conocimos en edad premenstrual. 
Era director de arte de un corto que rodaban los alumnos de la Universidad. Como debían rodarlo en tan solo doce horas, les recomendamos que midieran sus fuerzas y se concentraran en hacer cosas muuuy sencillas. Cuando llegamos al set a rodar el primer plano, nos encontramos con un carruaje tirado por caballos del siglo XIX, preámbulo de doce horas tapizadas de cine de época, lámparas, estucos y cuartuchos dickensianos malolientes. Ya por entonces Roger quería hacer Titanic y Molin Rouge. 
En vez de eso, debutó en el cine con "Una cierta verdad" y "Los condenados". Mierda de realismo.
Hoy en día es uno de los directores de arte más cotizados en la publicidad española, ha rodado joyas del vídeo-clip (sobre todo con Luis Cerveró y Canadá, pero también con Amenábar y otros capos), ganado por dos veces el UK Music Video Awards al mejor arte, y vuelto al cine por la puerta grande con "La propera pell" (¡ay, el realismo!). 
Ha rodado desde superproducciones hasta anuncios de compresas. Me da igual. El caso es que en manos de Roger y su equipo me siento sano y seguro.
Roger, lo sé: te debo una película de mosqueteros ninja.

¿Por qué pensaste que valía la pena en "Murieron..." de modo cooperativo?
Simplemente no podía decir que no. Cuando me llamó Isaki me la contó mas o menos por teléfono. Yo me tiré de cabeza porque supongo que este señor sabe qué resortes tocar para despertar en su equipo unas ganas fanáticas de echarse la manta al hombro y conseguir cueste lo que cueste todo lo que nos pida. Yo había sido alumno de Isaki en la Pompeu y no podía resistir la tentación de hacer una película rodeado de tantos amigos y de todos los profesionales que como Abel, Amanda, Diego, Isa o el mismo Isaki, habían confiado en mi desde el principio y me habían ayudado a empezar mi carrera. No sabía donde me metía, pero fue una de esas inercias maravillosas en las que, cuando te das cuenta, ya está todo en marcha y está saliendo de forma natural.

¿Cuál fue para ti el momento más memorable del rodaje?

Muchos, muchísimos. Al rodar la película por tramos, cada vez que nos poníamos con ella era mejor, con la acumulación de anécdotas de las fases anteriores y con un equipo cada vez más entregado y unido... Los días que pasamos en el hospital de Sant Feliu (y en el chiringuito de la playa que Txema se encargó de cerrar siempre) no los olvidaré nunca. A nivel personal, lo mejor fue enamorarme a lo bestia de Alba... y eso es solo el principio de todo lo que significó esta película. Recuerdo al equipo de arte haciendo casi cualquier cosa que un equipo de arte haría en dos o tres vidas normales: peinar cerdos vietnamitas, cubrir un invernadero con Ironfix, serrarle la mano a Imanol Arias, tirarle botellas de cristal a José Sacristán, cruzar rotondas en medio del pueblo corriendo con todas las armas, arreglar coches, arrastrar coches, preparar bombas, transformar unos baños turcos en una fiesta privada, dejar los muebles de lujo en la calle, pintar cosas en todas las posiciones y contorsiones posibles, construir puertas para... para dentro de dos horas... Y sobre todo recuerdo mubien el último wild track, con un sol de justicia, después de rodar toda la noche, las caras de todos y la sensación fantástica de cumplir algo que deseaba desde que Isaki me dio la segunda clase.

 "Peinar cerdos vietnamitas..."
 "Cubrir un invernadero con Ironfix..."  
"Serrar a Imanol Arias..."
"Dejar muebles de lujo en la calle..."
Fotos: Óscar Fernández Orengo

[Y cosas más raras que veremos abajo, en El rincón de Roger]

- ¿Cuál es tu escena favorita de la película?

No lo sabía cuando la rodamos pero fue al verla en pantalla grande... la entrada de Jordi en los billares me parece memorable y una declaración clarísima de intenciones del personaje. En el set (como muchas veces en esta peli) no era totalmente consciente de lo que estaba pasando pero tenía la agradable sensación de que era algo grande.

SEC 44. BILLARES. EXT/D  

Sonido de cisterna vaciándose.
JORDI sale de un váter cuya puerta tiene forma de ataúd, decorado con un esqueleto mexicano. 
Música: Los Desgraciaus.



El rincón de Roger

Roger, profesor de sierra

Jove's team

Roger guardaespaldas

Roger protector de animales

FX Roger: el hijo del viento

Roger con David Faüchs: 
dos directores de arte en equilibrio

Arte y vestuario: dar cera, pulir cera

Roger y la pasión (un director agradecido)
Fotos: Oscar Fernández Orengo y espontáneos






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