lunes, 2 de marzo de 2015

AINA POCIELLO: LA VOZ DE SU WALKIE


No es comfort: Aina preserva el raccord de los actores

Aina Pociello, auxiliar de producción, auxiliar de dirección
Por culpa de gente como Aina sigo dando clases en la universidad Pompeu Fabra.
Cada año concluyo varias veces que debería abandonar la docencia y concentrarme en mis guiones, hasta que vuelvo a las aulas y me encuentro con alumnos puñeteros como Aina, Claudia, Roger, Jordi Morató, Anna Mitjà (y tantos otros cada año) que me demuestran que mi disyuntiva era falsa: trabajar en sus proyectos es una forma de repensar mis propias escenas y de no bajarme el listón de exigencia; si a ellos les pedimos que sean capaces de aprender a rodar películas sin medios, sin miedos y con tiempo escaso, qué no deberíamos poder hacer nosotros sus mayores…
Por eso, si “Murieron por encima de sus posibilidades” existe en buena parte ha sido gracias a la confluencia de dos o tres generaciones de peliculeros: los que empiezan ahora a rodar sus primeras películas, muertos de hambre y ganas, y los que llevamos varios años hambrientos y aún no hemos perdido la ilusión en este país descorazonador. Unos y otros nos galvanizamos, nos multiplicamos en las ganas de romper las paredes del encuadre a cabezazos. Vampirismo de ida y vuelta: nos recontagiamos mutuamente este maldito virus que es la adicción a los rodajes.
Aunque en “Murieron” también contamos con numerosos técnicos autodidactas, no estará de más aprovechar estas líneas para celebrar la cantidad de [eternos aspirantes a] profesionales que nos hemos conocido gracias al buen hacer de las universidades y las escuelas de cine: al fin y al cabo, nuestro equipo está lleno de estudiantes y antiguos estudiantes del ESCAC, el CECC, la UAB, la Universitat de Girona, la Pompeu Fabra, etc.
Sin duda, los estudiantes actuales son mucho mejores cineastas de lo que nosotros éramos a su edad: conocí a Aina cuando ella estudiaba tercero, en las aulas, y pronto pude verla en plena acción en el set, claqueta en mano, rodando en 16mm un corto en equipo para el que disponían de solo dos días de filmación. Al año siguiente, el trabajo de fin de carrera de su grupo fue un cortometraje que muchos encontramos excelente, “Oreig”, protagonizado por unos adolescentes con más gracia y verdad que los de la mayoría de las películas profesionales. 
 Primer rodaje con Aina en la UPF, 2011

Lo siguiente creo que Aina lo recuerda solo a medias, porque discrepo de su versión de los hechos: en realidad nos reencontramos en un plató de TV3, donde ella trabajaba de ayudante de producción del programa Ànima. Ingenuamente, Aina se ofreció a trabajar en “Murieron”. No sabía lo peligrosos que podemos llegar a ser. Antes de darse cuenta, estaba buscando localizaciones, revisando y repartiendo órdenes del día, llamando por teléfono a figurantes perdidos en zonas industriales sin nombre, tratando de traducir el esperanto de los acoples del walkie a ideas que sonaran vagamente inteligibles (algo complicado de discernir en un rodaje tan proclive al absurdo como el nuestro), cargando sombrillas, montándose en camiones con eléctricos desconocidos, cortando calles, tocando el violín (!) y ejecutando las infinitas tareas heterodoxas que caben dentro de ese elástico concepto que es “el equipo de dirección”: el saco sin fondo del trabajar a saco.

 Aina actualizando la orden del día literalmente hasta el amanecer
Dirigir el tráfico es tarea de dirección y/o producción
 Sí, Aina también es violinista
y terminó amansando a las fieras en "Murieron"
en otra de las infinitas secuencias que -¡maldición!- 
nos hemos cargado en el montaje
 Reinas del walkie: en realidad, Aina y Maialen 
estaban usando el piganillo para hablar entre ellas 
(Fotos: Oscar Fernández Orengo)

Tareas todas ellas -se comprenderá- que pueden llegar a ser ingratas hasta el infinito cuando eres un joven con talento. Por eso nos felicitamos tanto cuando ese talento llega acompañado de la ilusión y la alegría que son imprescindibles en un rodaje (como el nuestro… pero como todos) para no culpar a nadie por estar haciendo tareas tan por debajo de tus posibilidades. 
En estos extraños tiempos de tregua ("España entre dos guerras civiles" dijo Gil de Biedma), Aina ha tenido claro que había que apuntarse a un bombardero. Por eso, si entráis en su web, veréis que en su filmografía hay de todo: directora, montadora, ayudante de dirección, producción, ayudante de cámara, eléctrica, guionista, colaboradora de vestuario, fotógrafa... 
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No sé si, durante el rodaje de "Murieron", Aina tuvo tiempo suficiente de fijarse en todas nuestras pifias, pero confío en que haya alguna en la que no reincidirá al filmar por su cuenta. Lo que sí sé seguro es que este último año no ha parado: ha trabajado como segunda ayudante de dirección del largometraje "Once upon a time in the western" de Boris Despodov (¡mítica Claudia Cardinale y nuestro querido Brendemühl!), colaborado con la hermosa banda de los Nanouk Films, y entre otras mil cosas, acaba de volver de Tailandia, donde ha dirigido un nuevo cortometraje y hasta recogido un premio. ¿Alguien da más?

Aina nos cuenta su versión de los hechos:


- ¿Por qué pensaste que valía la pena trabajar en "Murieron" de modo cooperativo?

Trabajar en Murieron fue mi primera incursión en el mundo del cine a nivel profesional así que la ilusión y la energía con la que acepté formar parte del proyecto hicieron que me planteara poco el modo. Entré en el rodaje el verano en que terminaba la carrera de Comunicación Audiovisual; Isaki había sido mi profesor en la asignatura de dirección cinematográfica en tercero y en cuarto nos dio algunas tutorías durante el periodo de realización de nuestros proyectos finales. Creo que en alguna de estas, le dije que podía contar conmigo para echar una mano en cualquier proyecto que tuviera (#niqueseallevandoloscafés) pero lo que no me esperaba es que me tomara la palabra. Entré en el departamento de producción y durante el segundo bloque de aquel verano me pasé al de dirección como auxiliar ya que faltaban refuerzos. Para mi fue el mejor de los aprendizajes tanto a nivel profesional como personal, la banda de los panda desbordaba profesionalidad y buen rollo de una forma inagotable.

- ¿Cuál fue para ti el momento más memorable del rodaje?

Como muchos ya han dicho, la temporada que estuvimos rodando en Sant Feliu fue mágica en muchos sentidos y en mi caso además, significó el inicio de la aventura. Recuerdo con especial cariño el primer día que dimos la vuelta al reloj y pasamos a rodar de noche. Aquel día “de jet-lag” estuvimos rodando en el hospital abandonado de Sant Feliu, y si no recuerdo mal, hicimos una jornada de día más una de noche hasta la mañana siguiente. Recuerdo el contraste de las caras de cansancio con la actividad frenética y constante en los pasillos y escaleras del hospital (¡4 pisos sin ascensor!), los mensajes de ánimo lanzados entre corte y corte, las bromas y ataques de risa propios del desajuste horario y ver salir el sol desde una de las terrazas del hospital mientras, en la lavandería, un equipo reducido rodaba la escena del discurso de Albert Pla. Al terminar la jornada unos cuantos aún encontramos energía para ir a desayunar al chiringuito de la playa. Ahí fui realmente consciente de en dónde me había metido... ¡y me encantó!

No es Sant Feliu, pero es playa: la imprescindible Laia Colom y Aina

[Adoro fomentar estas leyendas, pero conozco al señor Abel Garcia Roure, ayudante de dirección, natural de Sant Boi, firme defensor de los derechos proletarios del equipo a mi pesar, y me temo que él nunca permitiría un rodaje que empalmara jornada diurna y nocturna: me veo en la obligación de desmentirlo antes de que Abel nos acuse de injuria... ¡ya me gustaría a mí!].

   - ¿Cuál es tu escena favorita de la película?
Es difícil decidirse por una sola...pero tengo especial debilidad por la relación que se establece entre Iván y Jose Sacristán. Ver dos personajes de naturaleza tan distinta metidos en una situación tan surrealista me parece sublime.... "A mí me han jodido tanto que lo último que me avergüenza en esta vida es que me persiga un payaso como tú. ¿Te queda claro?"



SEC 24. CALLE/ CEMENTERIO URBANO. EXT/D. 

IVÁN ha seguido al hombre hasta la entrada de un camposanto.
El hombre entra en el cementerio. También IVÁN, que le sigue, de lejos, entre las lápidas.
Finalmente el hombre se para ante una tumba sobre la que deposita el ramo de flores y frente a la cual se arrodilla: parece musitar una oración.
IVÁN lo observa desde lejos. Seguramente por pudor, deja de espiar al hombre en ritual tan íntimo, y para disimular también él se arrodilla ante la tumba que le queda enfrente: es un mausoleo con tres tumbas iguales, presididas por tres yelmos idénticos, en la que se puede leer una inscripción tallada en la piedra: “A mis maridos”.


IVAN se levanta y disimula, pero se da cuenta de que el hombre viene directo hacia él.
IVÁN se asusta un poco. Pero el hombre no es violento. Cuando llega a su altura, le habla con toda la calma y dignidad de el mundo. 



HOMBRE DIGNO:
Mira, chaval... Yo entiendo que lo tuyo es un trabajo y también entiendo que no hayas conseguido nada más y que de algo tienes que comer en esta mierda de país. (...)



El rincón de Aina
(fotos: Oscar Fernández Orengo)



Los walkies tabién sueñan con orejas eléctricas







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