martes, 3 de marzo de 2015

DIEGO DUSSUEL, TRIPLE O NADA

Foto: Oscar Fernández Orengo

DIEGO DUSSUEL, director de foto


Para Diego no existen los imposibles ni los paracaídas. Como Thelonius Monk, primero salta y después pregunta. Está seguro de que ya encontrará el tono y la harmonía justos mientras da vueltas por los aires, de que el espacio entre  ventana y suelo es infinitamente suficiente para dar quince volteretas raras, para aprender a volar con los brazos, y, en vez de abrirse la cabeza, caer de pie, mientras los jueces baten palmas. Como el otro Diego (Maradona), difumina los contornos entre lo verosímil y lo asombroso: le he visto hacer cosas que vosotros no creeríais.

Él nunca lo reconocerá, pero Diego fue la primera persona que pronunció la palabra “cooperativa” antes de que “Murieron” comenzara a ser esta película. Llamé a Diego porque queríamos juntar a la banda para rodar el piloto de una serie de televisión a lo Monty Python con Albert Pla, Iván Telefunken y Vilches, y sabía que se dejaría convencer. Lo que no sabía es que Diego me convencería a mí de que rodar pilotos era de cobardes: si juntábamos a la banda tenía que ser para rodar un largo. Triple o nada. ¿Pero cómo? Saltando por la ventana. El resto ya lo iríamos aprendiendo por el camino si no queríamos estrellarnos. No me convenció de buenas a primeras. Como soy un cineasta extremadamente prudente, le pedí más datos. “Cooperativa”, respondió. “En Sudamérica lo hacíamos todo el rato, yo lo hice por primera vez hace cuarenta años”. “Hace cuarenta años eras un bebé”. “Exacto, por eso empecé de auxiliar”.

Como también soy un prudente empresario, levanté una ceja, pedí unas olivas (estábamos en la terraza del Context) y nos pusimos a hacer números. Diego me convenció con pruebas fehacientes: bastaba que él y yo invirtiéramos 1.000 euros cada uno para rodar lo esencial, las tripas de un largo que nadie podría rechazar. Ahora me sigo preguntando cómo es posible que dos hombres, perfectamente sobrios, con cierta experiencia en el cine y las matemáticas a sus espaldas, puedan hacer cálculos con una desviación del 5.000%. Solo alcanzo a explicarme que, si fuéramos más precisos, no existiría ninguna de las películas que hemos rodado, ninguno de nuestros planos.

Alguien se agarra con todas sus fuerzas al alféizar de la ventana y nos grita algo que suena parecido a “imposible”, pero ya estamos boca abajo, dando vueltas por los aires, y no se le entiende nada. 

Foto: Oscar Fernández Orengo
 

En fin, sin Diego y su entusiasmo contagioso, “Murieron” no existiría. No me costaría dedicarle un volumen grueso como “2666”. Este Diego es la mano de Dios, el mejor cámara en mano que he visto nunca, el Minotauro del foco. Con los años se ha convertido en un técnico de una precisión prodigiosa sin perder su velocidad y potencia incomparables. Es el director de foto con el que soñaba cuando empezamos en esto.

Por suerte, vivimos en un país en que el talento pasa lo bastante desapercibido, y eso me permite seguir trabajando con Diego, Amanda y el resto de la banda sin destrozar demasiado sus agendas: en cualquier otro lugar más sensato ya hace rato que no me los podría permitir.

Laurent Cantet llamó a Diego para fotografiar “Siete días en la Habana” y luego repitieron en “Regreso a Ítaca”. Pablo Trapero le confío su cortometraje con Kusturica y Diego le devolvió la confianza con un plano secuencia memorable. Acaba de rodar en México y Río el largo "El peluquero romántico" de Iván Ávila Dueña, en Corea del Norte "The korean Dream" de Álvaro Longoria, y durante el largo embarazo de “Murieron”, Diego ha estrenado “La plaga” de Neus Ballús, “El rayo” de Fran Araujo, "Ponts de Sarajevo" de Marc Recha...

Diego nos da la versión de los hechos:

- ¿Por qué pensaste que valía la pena hacer "Murieron por encima de sus posibilidades", de modo cooperativo?

Cuando Isaki me explicó el proyecto me atrajo mucho. Hacía tiempo que tenía ganas de filmar una película de este estilo. Uno nunca sabe en qué momento pasan estas cosas y el hecho de que ésta apareciera de la trastienda, como por arte de magia, la hacía muy especial. Una bonita locura, la venganza del bufón, las ganas que teníamos de decir: “señores somos desconcertantes, sin duda alguna, nosotros no se cómo, pero seguiremos filmando!!! ”. Sentíamos que era necesario y urgente filmarla y se buscaron todos los caminos viables hasta que finalmente el único que lo hizo posible fue el de hacerla en cooperativa. Debido al volumen del casting y el puzzle de producción para hacer coincidir las fechas, hubo que rodar por etapas a lo largo de más de un año. Esto fue complicado y para mí significó que no podría filmar la totalidad de la película. Esto pasó con la mayoría de los técnicos pero logramos hacerla compartida y así pertenecer a un barco tan grande que no conozco a todos sus honorables marineros. Sin duda ha sido una odisea de armonía y de gran entrega y estoy muy orgulloso de pertenecer a esta gran panda de locos. Como diría Albert: encantadores! Quiero agradecer a David Arrés (Key grip) que, de nuestro departamento, fue el que estuvo prácticamente en toda la aventura.




Cuando hay que apretarse el cinturón para rodar, Diego se aprieta
Fotos: Oscar Fernández Orengo


- ¿Cuál fue para ti el momento más memorable del rodaje?

 
Hay muchos momentos pero le tengo especial cariño a la cárcel psiquiátrica, filmada en Sant Feliu de Guíxols en un antiguo convento. Me gustó mucho el trabajo que hicimos allí y la relación que se creó con el equipo en todas sus áreas fue excelente. Siento que allí se creó mucha ilusión y así me di cuenta de que realmente se podría hacer, que lograríamos terminar la película. Soy muy fan de las historias que se dan dentro de las películas y en esta parte del rodaje hay una muy buena. El brillo en los ojos de ilusión de actores y técnicos deambulando por el pequeño pueblo de San Feliu de Guíxols es un recuerdo inolvidable. En el fondo, éramos todos parte de esa cárcel de artistas locos e incomprendidos.

 - ¿Cuál es tu escena favorita de la película? 


Uf, hay muchas pero la historia de Albert Pla y Emma Suarez en el hospital me parece muy lograda y de gran fuerza. Fue de lo primero que se filmó cuando todavía no sabíamos qué sucedería en esta larga travesía. Filmamos muy cómodos y libres y creo que eso se nota en esta escena. Por mi parte siento muy logrado el trabajo fotográfico de estas secuencias. Quiero creer que en otros oficios hay locos como nosotros que sin gasolina emprenden grandes ilusiones y atraviesan océanos. Ojalá, eso espero; si sé que en el cine los hay, así que es muy difícil que algún gobierno, bajo crisis u otras excusas, traten de abolir lo que más amamos: la cinematografía.
¡¡¡Viva los Pandas!!!!! Larga vida a los proyectos absurdos, suicidas y que salen del corazón.



SEC 18. HABITACIÓN HOSPITAL. INT/N

Ana, ojerosa, pálida, tumbada en la cama del hospital, con el respirador puesto. Está inconsciente. Junto a ella, está estirado ALBERTO.


Foto: Oscar Fernández Orengo


El rincón de Diego


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada