jueves, 12 de marzo de 2015

JUANJO TEJERO, FORRADO Y DISCRETO

Foto: Óscar Fernández Orengo

Juanjo Tejero, atrezzista

"Decidí participar en Murieron porque con el rollo cooperativista sabía que me iba a forrar"

Pensaba empezar esta entrada escribiendo que Juanjo es la persona más discreta del mundo. Pero como me ha parecido un principio poco espectacular, he llamado al director de arte Roger Bellés para que me regalara algunas anécdotas sabrosas y curiosidades sobre Juanjo, ese hombre. 
Lo primero que me ha dicho es: "Juanjo es la persona más discreta del mundo".
En fin... A veces hay que resignarse y aceptar los hechos como son.
Por suerte, Roger es bastante discreto, pero no tanto como Juanjo, y al final me ha contado varias anécdotas protagonizadas por nuestro hombre, confirmando lo que ya sospechaba: las mata callando. Como titular para nuestra sección de prensa rosa (¡todo por la audiencia!) podemos confirmar que la primera historia de amor verdadero consagrada durante el rodaje de "Murieron" tuvo a Juanjo como coprotagonista, y todavía dura.
Como Juanjo es muy discreto, lo dejaremos ahí, sin dar más pistas sobre su vida íntima, que no concierne a nadie. Mucho mejor será que nos concentremos en su vertiente profesional como atrezzista, tan admirable:

Juanjo, trabajando duro hasta el amanecer: 
nunca hay que abandonar el frontal hasta que el sol salga del todo.  
Foto: Óscar Fernández Orengo


La primera vez que coincidimos en un rodaje con Juanjo fue en "Los condenados".
Roger me recuerda aquellas jornadas de hace siete años: "era la primera vez que trabajábamos con Juanjo, acabábamos de conocernos... nos recuerdo a los dos aguantando el panel de madera que pusimos detrás de Bárbara Lennie en su maravilloso plano secuencia de la confitería, porque el fondo real del restaurante en que rodamos no encajaba con las referencias que nos pasaste. Y como no nos dejaban hacer agujeros en la pared del restaurante, ahí estábamos los dos, mirándonos uno al otro, mientras sosteníamos uno por cada punta la madera, durante los siete u ocho minutos de monólogo". De vez en cuando los historiadores del cine también podrían contárnosla desde esos puntos de vista: la historia del cine en cuclillas. "Entonces todavía no trabajábamos con talleres ni nada, hicimos aquellos paneles con Juanjo en el tejado de casa".
Le pido a Roger que me resuma las virtudes de Juanjo como atrezzista:
"Juanjo hizo un corto como director de arte que es un trabajo maravilloso ("Alto Sauce", de Fernando Pomares). Y como ha sido dire de arte, tiene una concepción de la forma y del espacio, de la construcción, de la arquitectura, que hace muy fácil la comunicación. De forma instintiva domina el campo y el fuera de campo, el primer término, la fuga, la perspectiva... Es un atrezzista que mira siempre con qué óptica estamos rodando y a partir de ahí hace propuestas. No es un atrezzista de mudanzas, que mueve cosas arriba y abajo, sino que trabaja desde un concepto. Además, es muy resolutivo, cualidad que en un atrezzista no tiene precio. Puedes tener muy buen gusto, pero si no eres resolutivo no sirve para nada. Tanto si haces un service para un rodaje yanqui con muchos medios como si haces películas independientes de bajo presupuesto, al final ser resolutivo es imprescindible. Juanjo lo es y por eso es perfecto". 

Juanjo, peinando las lámparas de la fiesta en el barco
y colgándolas a la altura necesaria para que entraran en cuadro.
En ocasiones raras, los atrezzistas no solo disponen y colocan objetos, 
sino que terminan desplazando incluso a personas por el set:
"¿Albert tiene que entrar en cuadro en línea recta o en diagonal?"



Sigue Roger: "hay muchos rodajes en los que Juanjo me ha salvado la vida. Tiene una enorme capacidad para trabajar con los manos. No solo en los rodajes, incluso en la vida diaria. Se arregló el motor de una moto con una lata de sardinas... ¡y se fueron con ella hasta Estambul! Y ahora ¡se está construyendo un kayak!".

Por suerte o por desgracia, los espectadores no se imaginan la cantidad de trabajadores que hay implicados en el departamento de arte de una película. Es importante que el público imagine que esos decorados están vivos y ya existían tal cual antes de la filmación, como si no hubieran sido hechos por atrezzistas, directores de arte, decoradores, coordinadores de arte, auxiliares de atrezzo, constructores, carpinteros, pintores...
Siempre que les escucho hablar entre ellos me acuerdo de las fantásticas novelas de Georges Perec, en las que los verdaderos protagonistas son las colecciones de objetos, las enumeraciones de palabras efímeras creadas para designar cosas que el ser humano utilizó en algún momento de su existencia y que tarde o temprano dejan de servir y/o son reemplazadas por otras cosas nuevas con nombres también nuevos. "¡Abajo las ideas, arriba las cosas!" recuerdo que gritaba Paulino Viota al final de una de sus conferencias.
Y pienso en cómo sería adaptar al cine una película de Perec y en los espectadores que serían capaces de disfrutar de esa cinematografía en que las personas vendrían a ocupar el mismo rol que habitualmente juega el atrezzo, colocándolas más o menos fuera de foco, según las necesidades de la escena, y las cosas, las infinitas cosas, se bastarían para protagonizar por sí mismas la dramaturgia, los giros de guión, los arcos dramáticos, los clímax y anticlímax...
Juanjo sería un hacedor supremo de ese cine, que en realidad ya existe, pero solo es percibido por los propios profesionales del sector: cuando miran películas, los atrezzistas y responsables de arte nunca ven a los actores, meras sombras peripatéticas, sino en los objetos. Más de una vez me ha ocurrido que, al escoger un mueble, una lamparita, un picaporte o un pisapapeles que me gustaba para alguna escena, los amigos de arte me han mirado mal: "ese picaporte ya ha salido en treinta películas... ¡en tres incluso estaba enfocado! ¿No te gusta más este otro? Fíjate en la forma y el color: casa con tu concepto, pero sobre todo... se nota que aún es virgen".

Además de mucha publicidad, podréis encontrar a Juanjo en los créditos de largometrajes como "Cruzando el límite", "Los pelayos", "Insensibles", "El cuerpo", "Los útimos días", "Grand piano", "Ismael", "Perdona si te llamo amor", "Vulcania", "Segon origen"...  
Si, en los extremos confines del encuadre, al límite del fuera de foco, sois capaces de encontrar un mismo objeto que se vaya repitiendo en todas estas películas, tan distintas,  podéis empezar a sospechar: ese objeto mágico sería la firma de Juanjo, tan discreta -pero omnipresente- como él mismo.

Juanjo y Juanan -la doble J- tratando de prever el siguiente plano 
para adelantarse a los acontecimientos
Foto: Oscar Fernández Orengo

Juanjo tiene la palabra:

- ¿Por qué pensaste que valía la pena participar en "Murieron" de modo cooperativo?
- Decidí participar en el proyecto por la gente que sabía que iba a estar, porque sabía que me lo iba a pasar bien, porque me leí el guión y me fascinó! y... porque con el rollo cooperativista sabía que me iba a forrar;)

- ¿Cuál fue para ti el momento más memorable del rodaje?

- Cuando rodamos el último plano de lo que en principio iba a ser una especie de teaser: el monólogo de Albert.

- ¿Cuál es tu escena favorita de la película?

- Mi secuencia preferida es la de Vilches y Sergi López, ¡me rio un montón con ella!

[NOTA: quizá sea casualidad, pero lo dudo: esa secuencia está llena de objetos por todos lados, debe haber seis o setecientas cosas escogidas y colocadas una por una. Era una localización vacía. Por eso, creo que en realidad Juanjo se ríe como un loco viendo todas esas cosas, como si fuera el hermano chiflado de Georges Perec: os invito a ver las capturas siguientes pensando, por una vez, en las película de los objetos como personajes]


SEC 46. DESPACHO JEFE. INT/N 

Un despacho desordenado, con la mesa llena de papeles, fardos y cajas por todos los lados. Un garaje-almacén-despacho gangsteril. 

 ¿Cuántos espectadores apreciarán el diálogo
entre la cámara de seguridad y el extintor rojo en penumbra?
Sin embargo, ahí están, hablando de sus cosas







Efectivamente: a la derecha del encuadre,
en medio del rectángulo superior,
hay dos manchas desenfocadas que se mueven sin parar.
Son dos pececitos bermellón dorado a los que el Jefe (Sergi López)
da de comer personalmente cada mañana y cada noche,
aunque eso nunca lo veremos en la película. 
Arte se encarga de pensar estas cosas: dan vida a los encuadres.






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